SINOPSIS

Biznaga... regalo de Dios... la flor de las flores...

La esencia malagueña envuelta en aroma de jazmines... ese aire que es capaz de transportarte a la orilla del mar, al sonido de las olas y a ese sueño de cualquier noche estrellada de verano.

Una joven biznaguera que sueña con ser feliz, que anhela ir rellenando la penca de su vida con cada jazmín cuidadosamente elegido, insertando

cada ilusión por encima de los desafíos, de los golpes, de las pruebas...sin perder las ganas de amar... de amar la vida... de abrazar el momento... de vivir, de saborear el instante.

Y es que llega un día en el que, sin saber por qué, ya no temes perder ni tienes miedo a llegar al lugar donde siempre quisiste estar... ese lugar que hace tiempo vienes anhelando, tu lugar...

Y en medio de toda esa locura: tú... en todas las partes, siempre estás tú.


PROGRAMA

Verdiales

Deja que te sueñe...

Rondeña

Vidalita

Tangos-guajiras

Puente musical

Siguiriya

Versión de "Adiós Málaga la bella"

Alegrías


FICHA ARTÍSTICA

Dirección artística: Eduardo Leal

Baile: Luisa Palicio

Cante: Ana Gómez y Juan José Amador

Guitarra: Miguel Pérez

Percusión: Chupete

Artista invitado: Diego Villegas

Sonido: FJ Kubero

Luces: Luis Rodríguez

Distribución: Fundación Cristina Heeren – ANEA PRODUCCIONES


AGENDA

3 de julio de 2018
Festival de los Teatros Romanos de Andalucía 2018
Teatro Romano de Málaga


CRÍTICAS

LUISA PALICIO, LA NUEVA ESCUELA SEVILLANA

Con frecuencia surge entre aficionados, estudiosos y críticos del flamenco el tema de la escuela sevillana, ¿qué es? ¿Cuáles son sus rasgos más característicos? ¿Quiénes son sus maestros? ¿Quiénes son hoy sus intérpretes más cualificados? Luisa Palicio respondió anoche en Cajasol con elocuencia la mayoría de estos interrogantes. Ella es hoy la bailaora que mejor encarna la esencia de esta escuela de baile.

Durante años se formó en el baile bajo la tutela de la que ha sido y sigue siendo la última gran maestra del baile sevillano, Milagros Menjíbar. Luego, sobre estos cimientos ha ido construyendo su propia forma de sentir y expresar el baile flamenco y, hoy por hoy, se ha convertido en el exponente más cualificado de una escuela sevillana actualizada, la Nueva Escuela Sevillana.

Porque Luisa tiene esa elegancia y esa feminidad que son dos de los atributos más señalados de esa forma de bailar. Sabe también, si el baile lo pide, ponerle sensualidad, incluso descaro y provocación. Lo demostró con los tangos trianeros. Domina como pocas la bata de cola, el mantón y el abanico, tres elementos externos ligados a esta escuela. También lo demostró sobradamente anoche en la soleá y en la forma en que jugaba a compás con el abanico en las sevillanas.

Dio toda una lección de baile y de amor a Sevilla. No se puede querer más a la Giralda de lo que siente por ella esta malagueña.

Vino muy bien acompañada: Manuel Romero y Ana Gómez al cante, Alejandro Cruz al piano, Miguel Pérez a la guitarra, David Jiménez “Chupete” a la percusión y, para completar el baile, Eduardo Leal, que nos regaló un precioso garrotín.

Jose Luis Navarro

LUISA, SEVILLA

Grandioso triunfo anoche gracias a la generosidad artística, extraordinarias cualidades dancísticas, impresionantes recursos, enorme sensibilidad y manera de ser: estudiosa, respetuosa con la tradición, buscadora de nuevas formas, humilde en el trabajo y explosiva en la expresión, delicada y dulce, y es que realmente, Luisa, el baile de la escuela sevillana tiene hoy su faro luminoso en tu baile.

Manuel Herrera

UNA SOLEÁ QUE NO OLVIDAREMOS

Es una de esas noches que no quieres que acabe. El espectáculo ya ha terminado pero tú aún estás dentro. Te acompañará unas horas. Unos días. Es la emoción pura del flamenco, todas las emociones, sin gesto a la galería. Palicio es una bailaora portentosa de recursos inagotables. Y todos al servicio de la mostración de su alma. Para el tiempo. Las agujas del reloj giran en sentido contrario. Es la lentitud, el almíbar, la pasión demorada, un minuto, un segundo más. Es cada centímetro de la piel. Todo el cuerpo, los dedos, las muñecas, los hombros. También las caderas en los deliciosos tangos de Triana. Y los pies: Palicio es una bailaora de hoy y la rabia del eterno zapateado que es el baile actual también forma parte de su repertorio. Es la delicadeza, la mesura, y el exceso, la fuerza en la entrega. En el remate, en el vértigo de la bata de cola cerrando el compás. Por supuesto, los accesorios, extensiones de su cuerpo, de sus intenciones. Para acariciar y golpear, para seducir, padecer y temer. Es la súplica, también el desprecio. Todas las emociones, una vida entera en apenas una hora. Es el equilibrio y el romperse y el pasar con elegancia y verdad por los tópicos, saetas, sevillanas, para cerrar con una soleá vibrante, monumental, que jamás olvidaremos.

Juan Vergillos

SEVILLA COTIZA CON LUISA PALICIO

Ante la confianza ciega al zapateado picapedrero, los gestos varoniles o el braceo y los quiebros exagerados, que difícil es en estos tiempos disfrutar de la femineidad del baile de mujer. Y con qué sencillez, elegancia, decoro, distinción y definición lo interpreta Luisa Palicio, una malagueña de Estepona que, a sus 32 años recién cumplidos, es artísticamente sevillana, pero sevillana hasta el tuétano, porque si en habilidad técnica y virtuosismo parece nacida en la Alameda, en emoción y contenido es tan trianera como Aurora la Cujiñí o la Guaracha.

Cargada de dulzura, parsimoniosa en las entradas, marcando el tiempo de los movimientos, añadiendo sensualidad a los espacios y buscando la sequedad de los cantes, que es lo que demanda el baile sevillano para que arda bien, la esteponera consiguió que todo el público se convirtiera en poeta al contacto con su baile, pues al equilibrio de las líneas y al rigor de las formas le sumó el halo de misterio de los silencios, con lo que lograba instalar su insultante triunfo en los repliegues mas íntimos del corazón del público.

Y es que si Luisa Palicio mostró tesura y tensión dramática en la marcha procesional y saeta, enhebró con fluidez los tientos caracoleros y la zambra con un manejo del mantón de una premiada claridad expositiva, haciendo del gusto estético un acto de compresión.

Hubo, mismamente, profundidad en los tangos del titi de Triana, con los que no buscó sorprender al público, sino de persuadirlo, evidenciando por demás, como hizo Leal en el garrotín,, que el talento y el trabajo no son suficientes para generar arte. Hay que sentir lo que se ejecuta. Y tanto, como que su alto nivel técnico lo plasmó en el dominio de la bata de cola en la soleá de una manera sugeridora, pero también en el interpretativo.

Pero antes, el delirio de unas sevillanas de gran intensidad en la ejecución, en la que fundió los trazos corporales con el diseño plástico del abanico a fin de sacar el máximo provecho, con lo que nos llevó al coloralio de que con los palillos, abanico, bata de cola o el mantón, esta sevillana de

Estepona es capaz de ir desde la claridad de una mirada a las limpias variaciones de los gestos, priorizando el movimiento y la expresividad corporal mediante enfoques estilísticos distintos desde lo transcendental a lo jocoso, pero expresando las imágenes a partir del material esencial del baile según Sevilla: movimiento, gallardía, espacio y contenido.

Manuel Martín Martín


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Alexandra Hoffer

Producción

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