La vivencia es tan importante para el flamenco como la propia música. Y así se revela cada vez que un veterano de este arte participa en el ciclo Trastablaos, organizado por la Fundación Cristina Heeren y el Centro de Iniciativas Culturales (CICUS) de la Universidad de Sevilla. La segunda sesión de la temporada 2015 la protagonizó, el pasado 11 de febrero, el cantaor Paco Taranto, entrevistado por el escritor e investigador José Luis Ortiz Nuevo. El artista trianero destacó entre sus memorias, los diez años que pasó como maestro en la Fundación: “Fue una etapa felicísima, enseñar me hizo estudiar mucho y darme cuenta de que todo el cante flamenco no es la soleá”. 

Aunque la soleá es el estilo del que este artista, nacido en la Plaza del Zurraque en 1940, ha hecho su seña de identidad a lo largo de sus sesenta años de carrera. Él lo aprendió de niño, “como el que aprende a andar”, de voz de históricos flamencos del barrio como El Arenero, Oliver, El Teta o El Quino. Y contribuyó a darle cuadratura y a incorporarle guitarra, pues “era un cante que se hacía al golpe en las tabernas”. Desde que lo registrara por primera vez en 1972, ha ido grabando distintas variantes en cada uno de sus once discos.

De ellos hizo una selección para ilustrar el encuentro cantando, acompañado a la guitarra por Raúl Cantizano, la soleá apolá, además de la copla por bulerías ‘Silencio por un torero’ que popularizara Juanita Reina, de cuya compañía, como contó, fue parte. También lo fue del dúo Los Tarantos junto a Salvador Távora, así como uno de los cantaores a los que se rifaban las bailaoras sevillanas en sus actuaciones. Y todo eso lo contó a lo largo de un relato que iba hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, intercalando anécdotas con personajes ilustres como Gitanillo de Triana, Manolo Caracol o Antonio Mairena. 

En el transcurso de la entrevista, se detuvo en su etapa docente en la Fundación. Ortiz Nuevo, convencido de que el cante flamenco se puede enseñar y aprender, le preguntó sobre su metodología: “Les deletreaba las letras y los tercios, les daba los cantes muy mascaditos. Les preguntaba qué sabían cantar, aunque fuera zarzuela y, poco a poco, iban cogiendo matices, dependiendo de su condición de voz”, explicó el cantaor. Y destacó casos como el de sus alumnos Yasmin Levy, que “me pidió que le enseñara la petenera”; el de Rocío Márquez, a quien “preparé todos los cantes mineros para el Concurso del Cante de las Minas de La Unión… y ganó la Lámpara”; o el de Argentina, que grabó los cantes de Rosalía de Triana en uno de sus discos. Con ellos se queda tranquilo de que los cantes que a él le legaron está en buenas manos: “No hay quien cante por soleá en Triana, pero sí en Huelva, en Córdoba o en Almería”. Y también en Israel o en Japón. 

Más información sobre Trastablaos 2015

Próximas citas:

· 18 de marzo. Manuel Bohórquez con Miguel Funi

· 8 de abril. Pepa Sánchez con Manuel Molina

          

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